lunes, 26 de mayo de 2014

Los hospitales deberían plantearse la mejora en la gestión del dolor agudo como un objetivo de calidad

El dolor agudo (DA) es la respuesta a una señal nociva proveniente de un tejido recientemente dañado, que se complica por la sensibilización en la periferia y en el sistema nervioso central. “Es por sí mismo un indicador de daño tisular y actúa como protección para minimizar los riesgos y promover la cicatrización de los tejidos”, ha apuntado el doctor, Antonio Montes, anestesiólogo de la Unidad del Dolor del Hospital del Mar, de Barcelona, durante su intervención en el XI Congreso de la Sociedad Española del Dolor (SED). Sin embargo, “el DA casi nunca cumple un propósito útil en entornos médicos controlados, como la recuperación tras cirugía, llegando incluso a resultar perjudicial”. Las operaciones quirúrgicas y los traumatismos son dos de sus principales causas.

En este contexto, el experto ha presentado los resultados de una encuesta realizada por el Grupo de Trabajo DA de la SED entre los meses de octubre y noviembre de 2012. Según los datos obtenidos, en el 62,7% de los hospitales consultados, la gestión de esta tipología de dolor se estructura en torno a una unidad de DA (UDA) o a un Programa de Gestión de Dolor Postoperatorio (PGDPO), cuyas estructuras atienden a más del 50% de los pacientes con DA quirúrgicos y al 19% de los no quirúrgicos. En el caso concreto del DP, sólo el 36% de los centros hospitalarios facilita información escrita sobre el mismo antes de cualquier intervención quirúrgica -siendo la visita pre-anestésica el momento más frecuente en que se hace- y el 71,4% registra los datos derivados de tales actuaciones.

De cara al futuro, el experto ha dicho que “todos los hospitales deberían plantearse como un objetivo de calidad la mejora en la gestión del DA, implantando y/o potenciando unidades o programas específicos”. Asimismo, es importante “ampliar el ámbito de acción de esta tipología de dolor más allá del DP, teniendo en cuenta las urgencias, los procedimientos diagnósticos y terapéuticos, y los pacientes politraumatizados”, añade. La evaluación sistemática del dolor en todos los pacientes ingresados, la protocolización de los tratamientos, el análisis de la calidad asistencial mediante indicadores consensuados a nivel nacional y la formación específica de todos los profesionales sanitarios son otros aspectos importantes a tener en cuenta en los próximos años.

Con respecto a la relación entre DA y genética, el doctor Montes ha apuntado que “las expectativas para determinar factores genéticos en el DP no se han cubierto por el momento debido a que los estudios han sido metodológicamente inadecuados (métodos de evaluación del dolor mal definidos, selección inadecuada de la población o tamaño muestral inadecuado) y porque es muy probable que el peso de este aspecto sea menor del esperado”.

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