miércoles, 31 de octubre de 2012

Más de la mitad de los pacientes con gota no están bien controlados


La gota debe dejar de tratarse como una enfermedad banal y de consecuencias poco importantes: ésta es una de las principales conclusiones del curso Reumatopics 2012, organizado estos días en Barcelona por la Sociedad Española de Reumatología (SER) y Menarini España y al que han acudido más de 100 especialistas.  
 Según el Dr. Fernando Pérez Ruiz, especialista del Servicio de Reumatología del Hospital de Cruces de Baracaldo (Vizcaya) y uno de los mayores expertos en gota de nuestro país, “la percepción de muchos pacientes y de muchos profesionales sanitarios es que la gota sólo se reduce a los síntomas de inflamación aguda que se sufren de forma intermitente. No existe la percepción de que la gota, desde su inicio, es una enfermedad crónica, con síntomas intermitentes en el estadio inicial y que en la mayoría de pacientes, si el tratamiento no es efectivo, progresa a formas más graves al cabo de una o dos décadas. Además, hay una creencia extendida de que la gota no es curable, cuando la evidencia demuestra lo contrario”.
 En ese sentido, hoy es necesario realizar un mayor control de los pacientes con gota, puesto que, como afirma el Dr. Pérez Ruiz, “menos de la mitad de los pacientes está bien controlados, incluso cuando son tratados por especialistas”.
 Un correcto diagnóstico: la mejor prevención
 En cuanto a los factores de riesgo, el Dr. Pérez Ruiz asegura que “los factores dietéticos y aquellos relacionados con el estilo de vida pueden prevenir la aparición de la gota, aunque no en la mayoría de los pacientes. Además, estos factores contribuyen poco a la respuesta al tratamiento pero, lógicamente, deben ser controlados para el mantenimiento de la buena salud general del paciente (hipertensión, niveles elevados de grasa, obesidad, etc.). La prevención secundaria pasa por un correcto diagnóstico y la implementación de medidas para evitar los ataques, además de una corrección adecuada y a largo plazo de los niveles de urato en la sangre”.
 De ahí la importancia de “la educación sobre la enfermedad, que debe incluir los riesgos a largo plazo de un tratamiento inadecuado o la falta del mismo y los beneficios que supone una actitud de tratamiento activo y correcto”. Según el doctor, “se trata de una necesidad perentoria”.

Posibles complicaciones a largo plazo
 La gota se produce por el depósito de cristales de urato en las articulaciones y estructuras periarticulares como consecuencia de la hiperuricemia mantenida. Este depósito de cristales puede persistir durante meses o años sin causar síntomas, hasta que son liberados al líquido sinovial, desencadenando el primer episodio de inflamación aguda. Estos episodios agudos de gota suelen resolverse, habitualmente, de forma espontánea.

La persistencia a largo plazo de estos cristales de urato activa un proceso de inflamación crónica. Si no se trata o el tratamiento no es adecuado y efectivo, la gota puede desarrollar complicaciones a largo plazo, como la artropatía gotosa crónica con tofos intra y periarticulares  y riesgo de cálculos renales y de patología cardiovascular.

Un tratamiento precoz, continuado y efectivo
 Prácticamente el 90% de los pacientes con gota necesitan tratamiento farmacológico reductor de la uricemia, con el objetivo de disolver los depósitos de cristales y prevenir la formación de otros nuevos.
 El mantenimiento a largo plazo de los niveles estables por debajo del punto de saturación del urato en plasma se asocia a una progresiva reducción y desaparición final tanto de los episodios de inflamación aguda como de  los tofos.
 La disminución de la calidad de vida en pacientes con gota es notable, hasta el punto de hacer que pierdan 15 o 20 años. Sin embargo, con un tratamiento adecuado es posible recuperarla en su mayor parte”, afirma el Dr. Pérez Ruiz. Y añade: “El tratamiento de la gota debe ser progresivo para evitar que se produzcan más episodios. En definitiva, lo que se busca es reducir poco a poco el nivel del urato en la sangre hasta alcanzar los niveles adecuados (por debajo de 6 mg/dl y más bajo aún en casos de gota grave) y de forma permanente. Esto supone que la mayoría de los pacientes tienen que mentalizarse de que deben tomar medicamentos durante muchos años, como otros pacientes con enfermedades crónicas, como la hipertensión o la diabetes del adulto”.

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