miércoles, 31 de octubre de 2012

El 60% de los menores que requieren alguna medida de protección social se benefician del acogimiento familiar



El 60% de los 6.141 menores andaluces que requieren alguna medida de protección se benefician del acogimiento familiar. Así lo ha señalado hoy la consejera de Salud y Bienestar Social, María Jesús Montero, durante comisión parlamentaria, donde ha explicado que se trata “de la medida de protección mayoritaria en Andalucía”. Sólo el 38% de los menores están en centros y el 2% pasaron a adopción. A 31 de diciembre de 2011, más de 3.800 menores se benefician en Andalucía del acogimiento familiar, de los que 2.528 han sido acogidos en su propio entorno familiar.

El acogimiento familiar se presenta como una medida de protección alternativa a la institucionalización en centros, con la que se pretenden evitar los riesgos que supone la separación del menor en su entorno habitual. El objetivo es que ningún niño menor de siete años con una medida de protección en marcha tenga que entrar en un centro.

Se prima que el acogimiento sea, como primera opción, con miembros de la propia familia del menor y, sólo cuando esto no es posible, por una familia ajena. El objetivo de esta medida es establecer vínculos afectivos que enriquezcan la historia vital de los menores a fin de que puedan disfrutar de la convivencia como estilo de vida y tengan un sentimiento de pertenencia a la familia. Los principios del acogimiento pasan, además, por favorecer la reunificación familiar, por lo que esta medida es incompatible con el acogimiento preadoptivo o la adopción.

Existen cuatro tipos de acogimiento familiar: simple, permanente, de urgencia y profesionalizado. El acogimiento familiar simple tiene carácter transitorio y se aplica cuando se prevé una reinserción del menor con su familia biológica en un corto plazo de tiempo. Tiene un plazo máximo de dos años y está dirigida a menores de cualquier edad, aunque es preferentemente para los más pequeños.

El acogimiento familiar permanente, por su parte, es para aquellos casos en los que no hay previsión de reinserción en la familia biológica. Está dirigida, en general, a menores con más de siete años y, en este caso, puede llegar hasta la mayoría de edad. Mientras que el acogimiento familiar de urgencia está dirigido a menores con menos de siete años sobre los que hay que intervenir de forma inmediata. Tiene una duración máxima de seis meses, con opción de una prórroga de tres meses más.

El acogimiento familiar profesionalizado, que es remunerado, se utiliza como opción para menores de cualquier edad con necesidades especiales (enfermedad grave, discapacidad, víctima de malos tratos o abusos sexuales, o problemas de conducta).

Balance

Montero ha señalado como “reto” conseguir que “ningún niño o niña menor de siete años con una medida de protección en marcha tenga que entrar en un centro”. Es por ello que, en los últimos años, se ha potenciado el acogimiento familiar de urgencia, lo que ha permitido reducir, entre 2010 y 2012, un 30% el número de menores de siete años ingresados en centros. De hecho, mientras que en junio de 2010 había 249 en esta situación, en junio de 2012 la cifra era de 174.

El acogimiento de urgencia ha ido aumentando progresivamente. Tanto es así que en el primer semestre de 2012 un total de 108 menores de siete años fueron acogidos en esta modalidad, mientras que en todo 2011 la cifra ascendió a 170.

Respecto al acogimiento previsto para menores con necesidades especiales, Montero ha enumerado que en Andalucía existen 238 menores en esta situación pendientes de poder beneficiarse de esta medida de integración familiar. En la mayoría de los casos, son menores con más de siete años (57%) y en un 18% de grupos de hermanos.

El acogimiento en la modalidad profesionalizada requiere que las familias cumplan unos requisitos específicos que, en algunos casos, se trata de formación especializada y la suficiente disponibilidad. Se trata del único tipo de acogimiento remunerado. De hecho, en 2011, un total de 1.495 las familias fueron remuneradas por atender a 1.973 menores, lo que supuso una inversión de 7,3 millones de euros.

Montero, que ha hecho un firme reconocimiento a la labor que realizan estas familias de acogida, ha recordado también el papel fundamental realizado por las instituciones colaboradoras que facilitan el proceso de acogimiento y que se encargan, además, de realizar campañas de captación, formación y valoración de las familias solicitantes. Además, hacen el seguimiento continuo del acogimiento y el estudio de las relaciones personales con la familia biológica y extensa.

Las familias adscritas al programa de acogimiento cuentan con un profesional para resolver sus dudas. Asimismo, existe un teléfono de información (902 102 227) en el que se ofrece asesoramiento sobre todos los temas relacionados con la infancia. En esta línea, el acogimiento familiar es el que más consultas genera (41,4% de las llamadas en el primer semestre de 2012).

Actualmente hay en Andalucía alrededor de 1.500 menores que residen en centros de protección y susceptibles de pasar a un acogimiento familiar.

Perfil

La edad media de los menores acogidos se sitúa en los 8,6 años y la mayoría disfruta de un acogimiento familiar antes de cumplir los 5 años, fundamentalmente en su familia extensa materna (los abuelos principalmente). En cuanto a las causas de desamparo, el 72% de los menores padecían una situación de abandono o de maltrato psicológico o prenatal de sus progenitores.

En lo que respecta a los acogedores, la edad media de inicio de acogimiento es de 43 años, aunque en el caso de los de familia extensa asciende a los 50. Aunque la mayoría de los acogedores están casados, el programa está abierto a parejas de hecho o personas solas. Los miembros que componen los hogares de las familias de acogida oscila entre los cuatro y las cinco personas, lo que supone que es frecuente que existan hijos biológicos.

Respecto al perfil tipo de los padres biológicos de los menores acogidos, tienen una edad media de 36 años en los padres y de 28 en las madres, con un alto índice de desempleo y de desestructuración familiar.

Cambio de modelo

El cambio de las necesidades de los menores atendidos en los centros públicos debe lleva hacia un modelo en el que estas instituciones sean un recurso que facilite el mejor desarrollo posible de los menores y el paso desde la adolescencia hasta la independencia en la vida adulta. Para ello, Andalucía está trabajando en un nuevo modelo de intervención que repercuta en una mejor atención a los menores. Muestra de ello es el nuevo programa de atención residencial de orientación e inserción social y laboral para jóvenes que están próximos a alcanzar la mayoría de edad.

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